Gano cuando vos ganás.
Gestiono carteras personalizadas bajo honorario sobre el patrimonio que administro, no por operación. Si tu cartera no crece, mis honorarios tampoco. No tengo incentivo para hacerte comprar ni vender.
En caja de seguridad, en una cuenta del banco rindiendo poco, o invertido sin una estrategia clara. El dinero está, pero no está trabajando.
Retiro voluntario, indemnización, venta de un negocio, bono, herencia. Ahorro acumulado que necesita criterio.
Con desconfianza fundada en el sistema financiero local. Querés delegar bien, no delegar a ciegas.
Necesitás saber qué se hace con tu plata y por qué, pero no armar vos la cartera todas las semanas.
Si estás empezando a ahorrar o buscás trades de corto plazo, probablemente no soy el asesor que necesitás — y te lo voy a decir.
El conflicto de interés clásico del mercado local es estructural: el asesor cobra cuando vos operás, entonces tiene incentivo para que operes. Yo no.
En cualquier mes donde la cartera cae más de 2,5% en dólares, mi honorario se reduce automáticamente un 25%.
No hay que reclamarlo, no hay letra chica, no hay revisión manual. Si el mes cierra en rojo más allá del umbral, el ajuste sale solo.
El alineamiento de incentivos no se mide cuando todo sube. Se mide cuando el mercado golpea. Ahí también tengo que estar del mismo lado.
Si me equivoqué en el escenario, no es razonable cobrar el honorario completo ese mes. La cláusula lo formaliza por escrito.
Si hasta acá te hace sentido,
una conversación dice más
que diez secciones más.
30 a 45 minutos. Sin compromiso, sin costo.
Si encajamos, seguimos. Si no, queda como una buena charla.
Vengo de finanzas y tecnología. Trabajé en Citi y en NCR antes de armar mi propia firma — esa combinación, más que un detalle de CV, define cómo trabajo: foco en la estructura, en el dato, en el proceso.
Rumbo Capital es independiente por diseño. No tengo que vender el producto del mes ni cumplir cuota de cross-sell. Lo único que cobro es el honorario sobre lo que administro. Eso me deja una sola cosa por optimizar: que tu cartera funcione en el largo plazo.
Paciencia paga. Y conviene tener al asesor del mismo lado de la mesa que vos.
No me escondo detrás del consenso ni del producto del mes. Si algo se puso caro, lo digo. Si conviene esperar, también.
Cuando lo único que cobro es el porcentaje sobre tu patrimonio, no tengo manera de ganar plata vendiéndote algo. Solo gano si vos crecés. Eso obliga al servicio a girar en torno a vos.
Tu perfil de riesgo, tu horizonte, tus objetivos. No hay carteras modelo ni productos genéricos empaquetados. Cada cliente tiene una composición pensada para él con instrumentos en la proporción que tenga sentido para su caso.
Si dos clientes tienen el mismo perfil en papel pero contextos distintos, las carteras son distintas.
Videollamadas periódicas de seguimiento, opcionales, dentro del mismo servicio. Quien quiere revisión cercana, la tiene. Quien prefiere recibir el informe mensual y consultar puntualmente, también.
El servicio se ajusta a vos, no al revés. No hay nivel "premium" ni cargo extra por atención.
El trabajo del asesor no termina cuando se arma la cartera. Empieza ahí. Cuando el contexto empuja a vender mal — y siempre llega ese momento — mi rol es sostener la decisión, mostrar el dato, recordar el plan.
Tres puntos que suelen generar fricción y que conviene aclarar antes de la primera reunión.
Próximo paso
Hablamos 30 a 45 minutos. Vos contás tu situación, yo te digo si lo que hago tiene sentido para tu caso. Si encajamos, seguimos. Si no, queda como una buena charla.